Ruta circular por Peralta de la Sal y Gabasa
Ruta circular con inicio y final en Peralta de la Sal, pasando por la ermita de Santa María de Vilet, pueblo de Gabasa, barranco de Gabasa y las salinas de Peralta.
18-sep-2019 — Itinerario de 14’24 km — 270 m desnivel acumulado.
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que visitamos la Comarca de La Litera y más en concreto esta parte de su territorio, como son los aledaños de Peralta de la Sal y que tan buenos paseos nos ha deparado en otras ocasiones. Estamos en la parte más oriental de la Sierra de la Carrodilla —que forma parte de las llamadas Sierras Subpirenaicas— en lo que es el extremo más septentrional de la Comarca.
Peralta de la Sal
Localidad ya visitada en anteriores ocasiones, cuyos paseos quedaron plasmados en diversas entradas a este Blog:
- Ruta entre Calasanz y Peralta de la Sal
- Una visita a Peralta de la Sal
- Ruta circular por Peralta de Calasanz
Como no podía ser de otra manera, iniciamos la caminata junto al Santuario de San José de Calasanz, que fue erigido en honor a José Calasanz Gastón fundador de las Escuelas Pías, nacido en este pueblo en el año 1557 y muerto en Roma en 1648, quien se había declarado como <<aragonés de nación>> y <<romano de sentimientos y costumbres>>.
El camino rodado que discurre por la margen izquierda del barranco del Molino, nos llevará hasta el barranco de la Figuera, lugar donde tomaremos una pista en bastante mal estado y muy abarrancada, que pasa por una zona de repoblaciones de pinos. El suelo es arcilloso acompañado de muchos yesos.
Mientras ascendemos, no perdemos de vista en ningún momento el pueblo de Calasanz. La población se extiende imponente sobre una gran roca que le sirve a modo de pedestal, en lo que es uno de los declives de la sierra, con la iglesia de San Cipriano en su parte más sobresaliente como si estuviera vigilando y protegiendo el casco urbano, con la imagen recortada de la ermita de San Bartolomé en lo más alto del macizo calcáreo, que se halla junto a los restos de lo que fue un antiguo castillo.
Tampoco perdemos de vista la ermita de La Ganza, ni al castillo de La Mora que destaca a lo lejos en lo alto de un cerro.
Ermita de Santa María de Vilet
Un pequeño templo, del siglo XII, que nos llamó la atención desde el primer momento, ya fuera por la piedra blanquecina de sus paredes o por el lugar donde está ubicado, que bien invita a la relajación y al disfrute de un entorno apacible, como si estuviera el ambiente cargado de buenas energías.
Al abrigo de paredes rocosas y con unas buenas vistas sobre el valle y las tierras que se extienden hacia el sur. Un lugar que perteneció y fue priorato del Monasterio de Santa María de Alaón —también conocido como Santa María de la O—. Sus orígenes se remontan a los tiempos de la reconquista aragonesa de los valles del Cinca y del Sosa, época en que el Monasterio de Santa María de la O —que hasta el siglo IX había vivido encerrado dentro un territorio empobrecido y muy accidentado como era el Valle de Orrit— procedió a fundar tres nuevos prioratos: Santa María de Chalamera, San Bartolomé de Calasanz y este de Santa María de Vilet en Gabasa. (En un principio, el monasterio se hallaba en la cercana y derruida ermita de San Millán, sobre la peña Migdía, el cual fue incendiado a finales del siglo XI por una razia musulmana procedente de Monzón).
Vilet fue un priorato muy codiciado por sus pingües rentas. Tuvo siempre una personalidad muy acusada, tanto por las donaciones que recibía como por la numerosa congregación que allí existía. Llegó a abastecer a la casa madre de Alaón, dada su ubicación en un terreno en el que se prodigaban los olivos y contaba con la sal de las cercanas salinas de Peralta.
A partir del siglo XIII, el priorato de Vilet alcanzó gran prestigio, pues tenía priores propios y una comunidad numerosa. Llegó a cuestionar incluso su dependencia del Monasterio de Alaón e hizo constantes intentos de independizarse, los cuales, por supuesto, siempre contaron con la gran oposición de los abades de Alaón. Hoy poco queda de aquella época de esplendor.
Gabasa
Nuestro siguiente punto de paso. Un pequeño pueblo, muy afectado por la despoblación, a orillas del barranco que lleva su nombre y que cuenta tan sólo con dos calles: Alta y Baja. Un lugar de tránsito que contó con la predilección de bandoleros en sus correrías. Tenía también molino en el cauce del barranco.
En el centro del pueblo destaca la iglesia de San Martín de Tours (siglo XVII/XVIII). Bien conservada.
Barranco de Gabasa
Aunque ya lo visitamos en febrero de 2017, nos apetecía volver a recorrer este angosto cauce excavado por las aguas en su labor constante de disolución de las calizas cretácicas. Un lugar donde una exuberante y poderosa vegetación ha tenido a bien desplegar unas asilvestradas y lujosas galas con el resultado de una imponderable belleza paisajística, con proliferación de grandes mantos de plantas llamadas de ‘cola de caballo’
Una serpenteante senda se desliza por el fondo del barranco, alternando ambos márgenes del arroyo, que nos permite disfrutar de los pequeños remansos y saltos de agua, bajo la techada bóveda de las ramas de unos corpulentos y frondosos árboles, en su intento de defender al lugar de los rayos de sol, que apenas consiguen penetrar y abrirse paso entre un follaje de manso y agradable rumor al ser removido por el viento, con una tonalidad cambiante según el lado por donde se le empuja.
Antes de llegar a Peralta de la Sal, entramos en el impresionante salinar, que sigue en estado de abandono.