Ruta de subida al Pico Cerler

Ruta circular de subida al Pico Cerler / Sarllé (2407 m), con inicio y final en L’Ampriu (1887 m) y pasando por la Colladeta del Gallinero (2258 m). 
2-oct-2019 — Itinerario: 6’50 km — Desnivel acumulado: 531 m

 

Teníamos ganas de ascender a esa imponente silueta piramidal, bien visible desde el fondo del valle, de forma cónica a modo de pitón: el Pico Cerler, que toma su nombre del pueblo. Iniciamos el ascenso desde el parking de L’Ampriu, por una empinada pista de subida que nos había de llevar hasta la estación del Telesilla del Amor, y desde allí acometer la rampa final que nos conduciría a la cumbre. Pascual Madoz, en su Diccionario, lo describe como: ‘…hay una montaña que se denomina Pico, cuya forma es la de una pirámide que en su base es de una anchura regular y va insensiblemente disminuyendo hasta concluir en figura de diamante…’

 

L'Ampriu. Iniciando la marcha
L’Ampriu. Iniciando la marcha

 

 

A medida que vas subiendo por la pista, las vistas paisajísticas son cada vez más interesantes, un anticipo de lo que iba a venir después. Se agranda la panorámica sobre la cubeta y los montes que cercan el antiguo circo glaciar de L’Ampriu, ahora excavado por un profundo barraco que desciende desde la Collada de Basibé (2277 m) y que recoge las aguas de los cercanos montes de Castanesa, de la misma Pala del Gallinero y de las empinadas laderas de morfología agresiva del propio Pico de Cerler, pues aquí abundan los derrubios de gravedad —canchales, pedreras, gleras, escombros gravitatorios, …—

 

 

L'Ampriu. Estación invernal de Cerler
L’Ampriu. Estación invernal de Cerler
Collado de Basibé
Collado de Basibé

 

 

 

 

 

 

 

 

Estamos en la Estación invernal de Cerler, con sus laderas desnudas y, por la época en que estamos, de unos colores entre amarronados y grisáceos. En verano estos mismos lugares se hallan tapizados de verdes y hermosas praderas, para ser cubiertos durante el invierno por un espeso manto de nieve. Ahora, en otoño, ya empiezan a apuntar algunos cambios en su variedad cromática. Los barrancos bajan silenciosos por falta de agua, nada que ver con los estrépitos roncos que albergan a veces como intentando proclamar la grandiosidad de unos montes que les dan su ser y la de los valles en cuyo seno se refugian —hace tiempo que no ha llovido y, por lo tanto, las cascadas no han podido deleitarnos con sus juegos de saltos como en otras ocasiones—.

 

Laderas de L'Ampriu
Laderas de L’Ampriu
Barranco de L'Ampriu
Barranco de L’Ampriu

 

 

 

 

 

 

 

 

Acceder a estos valles y poder trepar sus montes, aunque nos arredre un poco la fatiga, alentados por el deseo de disfrutar de los excelentes panoramas que nos aguardan en lo alto como si de un justo premio se tratara. Tener las nubes bajo nuestros pies, con los rayos de luz desparramándose sobre el fondo del valle y allá a lo lejos, un lugar donde podemos confundir los grandes bosques con pequeñas matas, ver los pueblos como grupos de ladrillos apilados o de piedras labradas, en el que los campos se representan como pequeñas cintas de verdores variados con unos puntos grises o amarronadas que son las vacadas moviéndose lentamente sobre ellos,  unos ríos a veces grandes y otras más delgados como hilos plateados, ver los rebaños de ovejas esparcidos como copos de nieve, los vehículos en la carretera como juguetes y los hombres como hormigas. ¡Bien vale la pena el esfuerzo!…

 

Al fondo: Cerler y Benasque
Al fondo: Cerler y Benasque
Arco Iris sobre el Valle de Benasque
Arco Iris sobre el Valle de Benasque

 

 

 

 

 

 

 

 

El último tramo de subida al Pico, desde la Collada El Pico (2285 m), aunque no es pesado en cuanto a energía a desarrollar, sí que hay que extremar la precaución por la cantidad de piedras que hay. Un extenso roquedo cubre toda la superficie de la cumbre, a medida que vas acercándote a la cima las innumerables lajas y poliedros son cada vez mayores, lo que nos obliga a ir con cuidado. Una capa de grandes bloques de cuarzo y clorita, de tonos un tanto verdosos, se hallan por todas partes.

 

 

En el Telesilla del Amor
En el Telesilla del Amor

 

 

Pico Cerler desde el Telesilla del Amor
Pico Cerler desde el Telesilla del Amor

 

 

Cumbre del Pico Cerler cubierta de grandes lajas
Cumbre del Pico Cerler cubierta de grandes lajas

 

 

Alcanzar la cumbre (2407 m) nos permite ser unos privilegiados en cuanto a disfrutar de unas excelentes panorámicas. Más de mil metros nos separan del fondo del valle. Ante nosotros: ¡Los Pirineos!…, palabras mágicas que definen a la extensa y alta barrera montañosa en la que, en el transcurrir de los tiempos, se han ido sucediendo innumerables hechos esclarecidos, que ha sido objeto de muchas miradas, ambiciones, esperanzas e inquietudes a través de los siglos; guerreros, aventureros, científicos, curiosos de las maravillas, exploradores de lo desconocido, …, ¡todos quedaron postrados ante la sabia Naturaleza!

 

 

En la cumbre del Pico Cerler
En la cumbre del Pico Cerler

 

 

Pico Cerler
Pico Cerler

 

 

Lástima que la climatología —‘día de norte’ creo que le llaman—, no nos permitió disfrutar de los Montes Malditos y sus tres miles, entre los que se encontraba el Aneto, pues, negros nubarrones con tormenta incluida lo impidieron. Sin embargo, sí pudimos disfrutar de los grandes batolitos grisáceos que dan forma al macizo de Posets, con su imponente Pico Posets / Llardana (3369 m) y otros que superan también la altura mágica de los tres mil. ¿Fue Henry Russell el que subió por primera vez a esos picos?…, unos montes que hasta casi a finales del siglo XIX no le echaron el ojo los primeros pirineístas, hasta entonces habían pasado desapercibidos. Fue Russell el que primero fijó su vista en esa ‘maciza y misteriosa montaña’; también reparó en ella el oscense ingeniero de minas y geólogo, Lucas Mallada, considerado como uno de los fundadores de la paleontología en España.

 

Pico Gallinero
Pico Gallinero
Macizo Posets. Tuca Llantia
Macizo Posets. Tuca Llantia

 

 

 

 

 

 

 

 

En el mediodía teníamos al Pico Gallinero (2728 m), que con la Tuca de Basibé (2725 m), van formando un arco con los Montes de Castanesa (Tuca Castanesa o Posolobio —2863 m– y otras cumbres) para unirse a la Sierra Negra y así cercar al Valle de Vallibierna al juntarse con los Montes Malditos. La gran cubeta que vienen a formar, es drenada por una serie de barrancos, entre los que se encuentran, además de L’Ampriu el de Ardonés, para acabar todos formando el de Remascaro, un barranco de pedregoso álveo que en sus márgenes tiene unas morrenas glaciares de abundantes arcillas, de fácil remover y erosionar por las aguas, cuyos arrastres acaban todos en el embalse de Linsoles. Tras el Pico Gallinero, asoma el macizo del Turbón, considerada como la ‘montaña mágica’.

 

 

Sierra Negra
Sierra Negra
El Turbón asomando tras el Gallinero
El Turbón asomando tras el Gallinero

 

 

 

 

 

 

 

 

Llegar a lo más alto, invita a sentarse para poder contemplar plácidamente el cuadro paisajístico que tenemos ante nosotros, imposible de reproducir en unas pocas frases, pues, seguro, iban a resultar insuficientes. Disfrutar de la melancolía y el silencio del fondo de los valles, es algo grande, son momentos en los que la inteligencia es fecundada por las buenas sensaciones y en lo más profundo del cerebro se desarrolla como una misteriosa concepción de los pensamientos, que algún día volverán a resurgir al ser reclamados por la memoria. Procesar toda la información recibida ocupa de lleno a los sentidos, limitándose a guardar las impresiones para analizarlas más tarde, son unos instantes en los que no se puede pensar ni razonar.

 

Tuca de Cambra
Tuca de Cambra

 

 

Impresionante el cauce excavado por el río Ésera y sus afluentes, al formar un profundo cauce aprovechado la debilidad de los materiales.

 

 

En el centro: Pico Posets / Llardana
En el centro: Pico Posets / Llardana

 

 

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